Cuando nos aproximamos a las prácticas locales de intervención cultural no podemos dejar de prestar atención a los centros socioculturales, espacios propicios para la actividad cultural más próxima a la comunidad.


Son espacios conocidos con diferentes denominaciones, que vienen marcadas por la orientación o propósitos que definen a esos mismos centros; aunque también esas distintas denominaciones se corresponden a una indefinición o una falta de identidad del centro que, finalmente, son denominados bajo etiquetas que pretenden abrirlos a las diferentes posibilidades no siempre convertidas en realidades de acción o intervención.


Los centros socioculturales son, al menos en un principio, diseñados y desarrollados para la participación y la acción comunitaria, en ámbitos que fomentan la apropiación del tiempo y del espacio compartido personal y socialmente. Son espacios para el encuentro y la comunicación grupal, para la creación, para la promoción de proyectos de Desarrollo Cultural Comunitario, para tomar parte activa de la expresión cultural. Así pues, son centros que aportan recursos y propuestas de actividad que apoyen proyectos e iniciativas de desarrollo cultural comunitario.

Estos centros se caracterizan por su apertura al entorno comunitario próximo, la prestación de servicios culturales orientados a la participación, el reunir recursos materiales y técnicos diversos para el apoyo a iniciativas y el romper barreras a la participación.

Por eso mismo, son espacios culturales que en las ciudades se ubican en los diferentes barrios, y que en los pueblos suelen reunir toda la intervención cultural, concentrando esfuerzos de la Administración Pública, iniciativas comunitarias, ONGs, fundaciones,...

Sin embargo, llama la atención la integración en este tipo de centros de servicios deportivos, que incluso relegan la orientación sociocultural base e identidad de los mismos. De manera tal que el programa sociocultural queda en un segundo plano, y los centros se transforman en espacios deportivos que cuentan anejos algún servicio sociocultural, generalmente bibliotecas de barrio, con un programa limitado de actividades animadoras.


Ante esta situación hay que señalar que la ampliación de la oferta de servicios deportivos en sí tiene un valor positivo: abre el acceso a la práctica deportiva contribuyendo, también, al desarrollo personal y a la salud comunitaria. Sin embargo, el que estos servicios sean asumidos por los centros socioculturales presenta un peligro real: el que la mejora y ampliación de los servicios deportivos eclipsen las actuaciones culturales propias de la Democracia Cultural.


Como resultado de todo ello, en algunos casos nos estamos alejando de la práctica cultural democrática, que necesita del apoyo de este tipo de centros, y se redunda en intervenciones culturales esporádicas en el tiempo, sin la continuidad necesaria para asentar y reforzar procesos, sinergias participativas creativas de la comunidad, y descubrimos cómo volvemos a relegar la cultura popular a la celebración de fiestas populares tradicionales de cada localidad.


¿Un ejemplo de ello? Las programaciones anuales de uno de estos nuevos centros socioculturales-deportivos, los únicos centros de proximidad en muchos barrios de las grandes ciudades.


La pregunta que, entonces, debemos plantearnos es: ¿qué ha pasado con la intervención de los profesionales de la Animación y la Gestión Cultural? ¿Existen modelos de centros de proximidad válidas para las sociedades multiculturales actuales?

Los centros socioculturales deben estar orientados fundamentalmente a atender todos los colectivos sociales, además de facilitar la integración y la comunicación social, por lo que es imprescindible la implementación de programas culturales de calidad. Y para conocer las buenas prácticas profesionales que se desarrollan actualmente os emplazamos a leer nuestras próximas entradas.

1 comentarios:

Atteneri dijo...

Por dónde empezar...

Ojalá viviéramos en una democracia, (que no democracia cultural), pero la realidad es muy distinta a todo ello.

En mi opinión desde el punto de vista político, el mundo de la cultura, no interesa fomentarlo, pues ya sabemos los beneficios sociales que tiene, que no económicos.
Por tanto, la cultura se ha tenido que homogeneizar con el mundo del deporte, que si bien contiene rasgos culturales e identitarios, desgraciadamente no son llevados a cabo con ese propósito. Por tanto, los profesionales del mundo de la cultura, casi que nos vemos obligados a dar gracias por esta mezcla tan peligrosa de cultura y deporte, pues si no se mezclara, en muchos lugares no se llevarían a cabo iniciativas culturales-deportivas.

En efecto, la cultura, desgraciadamente, está ligeramente condenada a diluirse, a pasar desapercibida, y en estos tiempos de "crisis" la gente tiene muchísimas preocupaciones reales que los aleja de todo cuánto no sea necesario para sus realidades.

Un besazo "profe prefe", ahora si te lo puedo decir porque ya no queda de pelota, jajaja.

Publicar un comentario

Enviar un comentario nuevo

top