En entradas anteriores hemos comentado experiencias animadoras que desde los propios contextos institucionalizados se realizan con el fin de abrir dichos contextos a toda la sociedad, romper barreras de aislamiento personal y grupal así como posibilitar la participación de sus residentes en la vida social más allá de el espacio físico de estas instituciones, permitiendo el establecimiento de vínculos sociales.

Sin embargo, hoy queremos acercaros a una intervención que hace el camino contrario, es decir, surge de un museo que, como institución cultural, se compromete con la comunidad y se preocupa de hacer extensibles sus iniciativas educadoras y culturales a toda la sociedad, incluyendo a personas residentes en instituciones de diverso tipo y así hacer realidad el acceso al mundo de la creación de hoy a todo tipo de públicos.


Se trata de Artium, el Centro Museo Vasco de Arte Contemporáneo de Álava (Vitoria-Gasteiz, España), un centro museo que desarrolla programas de extensión museística capaces de adaptarse a las necesidades específicas de colectivos tales como personas mayores en residencias, personas con discapacidades psíquicas, con discapacidades visuales, con transtornos mentales graves y personas en centros penitenciarios.


Son los denominados programas sociales orientados a grupos que, por sus propias características y circunstancias, tienen un escasas oportunidades de entrar en contacto con el arte y la cultura y que Artium desarrolla con ánimo de llegar a todos los sectores de la sociedad.


Respecto a los contextos institucionalizados, estos programas mantienen una dinámica de actividades similar tanto en residencias para mayores como en hospitales psiquiátricos, basadas en la preparación de unidades didácticas con temas que se definen a partir de las características, necesidades e intereses de cada colectivo a los que se dirige.


Así se desarrollan varias sesiones en los centros institucionales en las que se proyectan diapositivas de obras relativas al tema que se trate, que invitan al desarrollo de unas "tertulias artísticas", en las que se comentan, discute, aprende.


Como colofón de estas sesiones, los grupos (siempre que sus condiciones se lo permiten) son invitados a visitar el centro museo Artium, para descubrir esas y otras obras en relación con el tema trabajado previamente, y realizar finalmente, según las características de cada grupo participante, un taller plástico trabajando la técnica del collage o transformando imágenes de obras conocidas por el grupo.


En definitiva, se trata, como habréis podido comprobar, de un ejemplo modélico sobre la acción cultural de una entidad cultural comprometida con su comunidad.
Una intervención que nos muestra las posibilidades que los programas de animación cultural de las entidades culturales pueden tener en los contextos institucionalizados y convertirse así estas entidades en motores para el desarrollo cultural comunitario integrador de toda la diversidad social, rompiendo barreras y limitaciones tanto espaciales como psicológicas.
¿No os parece?

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